
¿Cuántos cuentos comienzan con la palabra “Caracas”?
Deben ser miles los escritores, y aspirantes a serlo, que han comenzado una narración refiriéndose a la ciudad. Es tan fácil.
Iba a comenzar esta crónica con la misma palabra, hasta que un alerta me lo impidió. Fue la música de Ricardo Arjona que salía del cubículo de mi compañero de trabajo. El pana estaba escuchando la canción del taxista (que no sé como se llama, y no me voy a molestar en googlearla). Iba por la parte en la que el tipo dice que zigzagueaba en Reforma y la tipa le dice que se llama Norma y cruza la pierna. Ya saben, esas rimas sin sentido de Arjona. Creo que esa canción es la misma en la que el carajo rima mejilla con pantorrilla, y que termina con el taxista cepillándose a su pasajera en la alfombra, mientras le besa la sombra :-D
Bien, al oírlo me di cuenta que estaba a un paso de postear una tétrica crónica caraqueña. Una de esas postales, medio rudas, medio cursis, como la película de Cuarón, en las que personajes soñadores pasean por el caos capitalino y terminan a medio camino entre el cumplir sus sueños y salir decepcionados. Es casi un subgénero en nuestra literatura, y si algo bueno tienen los blogs, es el poco respeto que sientes sus autores por ese tipo de escritura. Porque los blogs son escritos por verdaderos caraqueños qué realmente sufren la ciudad; y por tanto, no tienen tiempo para construir postalitas pseudourbanas.
Así que terminé agradeciéndole a mi compañero el evitarme escribir una crónica que se pareciera a una canción de Ricardo Arjona. Esta es una historia distinta. Es, en primerísimo primer lugar, una respuesta a otra crónica. Y en segundo lugar, es la historia de Susan.
Susan, el único apodo razonable para ella. Así la llamo, como su escritora favorita. Y también para evitar ser “poco elegante” como ella misma me exigió un día, cuando andaba ventilando intimidades en las redes sociales, víctima de eso que en un cuento escrito por mí mismo califiqué de: “extraña necesidad de impostar la espontaneidad e irreverencia” (que vaina tan soberbia, ésta de autocitarme :-) )
Bien, Susan y yo acordamos ir al sitio dónde murió Adriano González León. El objetivo era homenajearlo y tomarnos un trago en la misma silla donde murió.
Caracas es la ciudad donde toda historia gloriosa tiene su inicio, su desarrollo, o su final en un centro comercial, o en un Mc Donalds. Los enclaustrados sitios de consumo son los escenarios donde se desenvuelven los caraqueños (sanantoñeros), católicos (ateos), de la clase media (tirando a baja). Es decir, la white trash de Venezuela. La versión venezolana del sitio dónde Eminem compuso sus primeros raps. Ahí, con gusto, me ubico yo.
Ahora ubíquenme en la fila del Mc Donalds del Rosal, detrás de unos niñitos que tienen una hora pensando cual de las tres versiones de cajita feliz quieren. Figúrenme maquinando mil teorías sobre el padre de los niños, qué se nota, es primera vez que saca a pasear a los pequeños. Llega Susan, vestida de morado, con la sonrisa deforme qué, a la distancia, le da la apariencia de ser una niña traviesa. Mientras se acerca tengo fantasías sobre ella: la imagino como una niña de cinco años, colada en el consultorio de un veterinario, jugando con un gato mestizo, y robándose unas tijeras quirúrgicas, que en sus manos, se convierten en tijeras de peluquera. Y entonces toma al gato y empieza a cortarle un poco de su pelaje, con miedo, pero también con la curiosidad que tienen las niñas cuando quieren ver que tan lejos pueden llegar al atreverse a algo nuevo. Y entonces el gato la mira, se le acerca y le dice: Hola, John.
Yo ni siquiera la beso, pero ella cree que la besé y que le susurré algo al oído. Ella suele creer muchas cosas, a veces son verdad.
Salimos del Mc Donalds y bajamos hacia Las Mercedes. Entrar en la principal de las mercedes un día de semana es como entrar a cualquier avenida. Si no fuera por algunos sonidos aislados provenientes de voces afectadas, típicamente caraqueñasdeleste, uno no notaría la diferencia entre ésta calle y cualquiera del centro de la capital.
En el trayecto hago comentarios sobre los huecos que Gerardo Blyde no ha tapado, y por estar viendo uno de los huecos, un auto me roza la pierna y Susan sólo alcanza a decirme que tenga cuidado, aunque sé que en el fondo se ríe. Yo también lo haría.

Conseguir el Amazonia fue una pequeña odisea. Una odisea extraña, nada romántica: no veníamos de una guerra, Penélope no nos esperaba, y ese vigilante que nos dijo “caminen por ahí, payá, hastayá, y sigan haciayá, y cuando lleguen allá, entonces cruzan y se vienen como si vinieran pacá”, no es Palas Atenea, y no nos está ayudando.
Luego de un buen rato perdidos, llegamos al Amazonia Grill. Nos sentamos en la barra y de inmediato me sentí en una reunión del CEN de Acción Democrática. Semanas después descubro con beneplácito que el sentimiento es mutuo, y que Susan también se sintió entre adecos.
El estar ahí me hizo entenderlo: en el siglo XXI estamos condenados a no tener poesía. Si Adriano y todos sus amigos de la República del Este se sintieron bohemios en Caracas, fue porque crecieron en una Caracas distinta a la nuestra. Una Caracas romántica y dulcemente poética. Veo a mi alrededor y veo a unos tipos que bien pudieran ser mis abuelos, pero que no tienen la gracia de los abuelos, ese cariño aleccionador que los hace seres entrañables. Aquí no hay poesía ni bohemia, hay tristeza. No digo “nostalgia”, porque en el Amazonia no se respira nostalgia, se respira algo muy parecido a lo que se intuye en las películas de Herzog: un cierto aroma a findemundo, a apocalipsis, a estoselollevóquienlotrajo.
Así que sólo hay dos opciones: la ironía o el desencanto. Yo opto por la primera y Susan se irrita.
El barman nos contó que Adriano murió tomando jugo de tomate en la silla donde yo estaba sentado.
Al momento recordé que le había prometido a Susan que yo traería País Portátil, pero se me había olvidado. Según ella grité: ah, vaina, se me olvidó el libro. Ya no importa, me dijo ella. Y nos fuimos a un centro comercial.
Perdón, Adriano, pero no podemos homenajearte si la ciudad en la que viviste ya no existe, si somos los hijos de una generación que nada tuvo que ver con la tuya y que más bien desprecia todo lo que tu gente construyó. No tengo la fuerza de los chamos de relectura para reconstruir una época que pasó, y que ya no volverá.
No volverá ésa Caracas, ni esa Venezuela. ¿No lo ven?, aquí hay emoticones, ¿se imaginan los textos de la República del Este con emoticones?
Susan, romántica, optimista y bella, como sólo pueden serlo las mujeres jóvenes que creen en el futuro, se sintió mal por no poder completar el homenaje. Yo no, la Caracas de Adriano es portátil y se la llevó el pana al momento de morir. Es una ciudad derretida.
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chamo, de pana. Esta ciudad se la llevo quien la trajo.
Cuando dices
"El estar ahí me hizo entenderlo: en el siglo XXI estamos condenados a no tener poesía. Si Adriano, y todos sus amigos de la República del Este se sintieron bohemios en Caracas, fue porque crecieron en una Caracas distinta a la nuestra. Una Caracas romántica, y dulcemente poética. "
yo creo que estás pelao.
Esa Caracas puede ser romantizada porque no la vivimos, pero no creo que haya existido. Creo que una mirada clandestina a una sesión de la República nos revelaría un patetismo (y un adequismo) cercano al del Amazonia Grill.
Caracas es la capital de un país petrolero y filiofago. Creo que su poesía puede existir luego de la aceptación de estos hechos, no en el una nostalgia por un pasado dudoso, mitificado y francamente provinciano.
Quizás estos panas fueron tan buenos porque vivían en una ciudad pequeña con ínfulas de capital, en la periferia del mundo. Quizás por estar tan aislados y ser tan creídos, alcanzaron la gloria. Yo me atrevería a sugerir que ahora que Caracas es una ciudad de verdad, un lugar hermoso y horrible al borde del abismo, hiperconectada y aislada de todo a la vez, es que puede nacer la verdadera gran literatura.
De resto, te quedó lindo.
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Joder, John, me gustó mucho este texto.
Me parece que tal vez es muy difícil atinar con lo de la ciudad y la literatura o poesía que merece porque creo que aún no alcanzamos a comprender la magnitud de la cagada en qué ha devenido Caracas. Y me perdonan, pero es que no merece eufemismos.
Yo no sé cuántas veces he meditado sobre mi dificultad personal para recordar, seleccionar algo con lo que me quedaría de Caracas. La odio. La odio burda. No siempre fui infeliz en su mierda, no. Pero no me alcanza...
Quién sabe...el destino de la cloaca aún está escribiéndose,pero no lo avisoro prometedor.
Por cierto: yo también te quiero mucho.
Noelia: Gracias. Besos.
Daniel: Tu comentarios paga la entrada, y no es película.
Tal vez sea cierto. Lo irónico es que los escritores jóvenes (whatever that means) están es pendientes de rescatar esa ciudad romantizada (haya existido o no). Precisamente de ahí viene esta crónica, por eso la mención a relecrura, y a los chicos que tratan de revivir todo eso.
Creo que fuiste tú el que dijo hace poco que los escritores jóvenes se negaban al parricidio, pero que este era necesario.
Digamos que esta crónica es un intento de parricidio contra Adriano :)
Cristina: "Quién sabe...el destino de la cloaca aún está escribiéndose,pero no lo avisoro prometedor."
¿Really? Cariños de vuelta, flaca.
Yo tengo una visión optimista de este asunto.
Sí, ya no es la misma generación de la República del Este; sí, Adriano se llevó su país portátil y nos dejo en un país donde los pedazos se caen derretidos, hastiados de todo, pero aquí estamos, los optimistas, los que nos negamos a dejar de soñar, los que todavía sentimos la poesía en los huecos de las calles, en el mute que ponemos ante las cadenas cuando no podemos apagar la TV o cambiar el canal. No es la República del Este, para mí, es la República del Khaos. Podemos ser hijos de una generación que nada tiene que ver con él, pero existe gente que rescata lo que su gente construyó - paradójicamente en la academia- o que los descubre (todo libro que no conocemos es un gran descubrimiento).
Si Adriano estuviera aquí, creo -en mi imaginación infantil- que se divertiría con los emoticones.
Bueno Ayna, no es que "Adri" haya muerto hace diez años, el se murió hace un año, asi que tuvo tiempo de sobra para ver lo que se convirtio Caracas y para conocer a los chicos que tratan de reconstruirla desde la añoranza. Hay una foto que fue la que me inspiro para decirle a John sobre hacerle un homenaje postumo (que al final fue tan ineficaz como patetico) donde aparece la gente "besha" de Relectura, los chicos del Apendice de Pablo y un par de asomaos, rodeando a Adriano como si fueran un equipo campeon del mundial de bolas criollas. La cara de "Adri" (entre ese oceano de gruppies sonrientes) era mas bien de desgano, no sonreia ni desdeñaba. Creo que estaba aconstumbrado a esas muestras de afecto que lejos de "afectarlo", se acercaba mas a las jaladerias de bolas a los que estan tan aconstumbrados los escritores que saben, estan cercanos a morir.
Bueno, yo siendo Adri hubiera muerto ahi mismo de verguenza.
Pratt: jajajjjjajajajajaj me encanto tu coment. Pero la cosa es que todo viene de ideosincracia. Esa cuestion de pensar "todo tiempo pasado fue mejor" es una cuestion que va de la mano con los proyectos no concluidos de la Modernidad. La modernidad en Caracas fue un proyecto incompleto e incluso podria llamarsele hibrido en tanto sus experimentos urbanos han quedado en la piel de sus habitantes y en la lista de los proyectos sin concluir de los planes urbanisticos.
Ahora, no creo que no haya habido (ciertamente) una Caracas "mejor" y ahi es donde estoy de acuerdo con vos, hubo una Caracas mas pequeña, mas amable, mas docil y menos densa que ahora. Lo que paso en esa epoca (70 -80) fue el declive lento pero constante de la renta petrolera que venia en alza desde 1950, fue una debacle tan lento y tranquilo, que todo estallo fue a finales de los ochenta, cuando ya Adri era un señor y en Sabana Grande ya empezaba a decaer la moda de los cafes y las tiendas de ropa.
Pero creo que ante todo (y en eso respeto a los escritores jovenes) se trata de una busqueda y en el peor de los casos, un retorno a la vieja CCS a traves de los ejercicios narrativos, de la evocacion. Pero creo (otra vez de acuerdo contigo) que esa busqueda avejenta y no tiene salida porque no es practica. Y no solo eso, sino que suprime nuevas manifestaciones y formulas narrativas que solo nacen en lugares caoticos y transculturalizados como Caracas y otras ciudades del mundo.
nada, ya me extendi demasiado. Tu post esta mejor que el mio J. =(
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Ayna: Creo que los comentarios de Daniel y Noelia, son claros. Ahora, quizá el optimismo del que hablas no venga tanto de añorar "lo que Adriano dejó", sino que nos toca a nosotros hacer algo, más feo que lo que añoramos, pero también más honesto.
Noe, este post no se merecía comentarios tan buenos. Sabes, yo vi unas fotos parecidas, en ellas salía Pancho Massiani, medio enfermo, rodeados de la gente besha. Luego de que las fotos se comentaron en PN, relectura las borró.
Entendido, John y entendido, Noelia.
U sólo comentario, para que no falaticen más de la cuenta:
El fashion y la arrimada al mingo son dos de las formas como sabemos operar en ese mundo depredador de la "cultura". También, es muy muy difícil no deslumbrarse con el brillo de los flashes.
Pero no sucede aquí nada más. ¿Cuántos gringos del mundo literario no añoran el NY o el SF de los beats? Misma época, países completamente distintos.
Lo que queda es trabajar, no deslumbrarse con los maestros en decadencia y no obnubilarse cuando te dicen que el post te quedó bonito.
Saludos a ambos.
"y no obnubilarse cuando te dicen que el post te quedó bonito."
=)
uhm que te puedo decir chamo...
Caracas hace años que se fue al demonio, gracias a nosotros mismos, la misma ciudad nos lo advirtio y como andabamos en una carrera para ser beshos, ni bola le paramos... ahora hay muchos romanticos o mejor dicho nostalgicos que quieren aferrarse a algo que dejaron incendiar hasta las cenizas desaparecieran...
y bueno los bohemios... no me caen muy bien porque tienen esa maldita mala costumbre de irse a su mundo, justo cuando los no boehmios, y que a veces dependemos de ellos, estamos pariendo porque no se ponen las pilas...
y el post, si te quedo bueno
saludos men
falaticen? o fanaticen?
en todo caso, me parece que Dani P. se molesto un poco..
=(
Nono, para nada Noelia. Si se leyó así fue porque me expresé mal. Cuando dije "entendido" quise decir que estoy de acuerdo con lo que escribieron ambos.
ME ENCANTA ESTE CONCEPTO CREATIVO QUE DEJAS EN TU BLOG, DE VERDAD ES MUY COOL, SO COOL, TE SEGUIRÉ A PARTIR DE ESTE MOMENTO!!! ESPERO QUE TE PASES POR MI BLOG UN RATO Y ME DES TUS MAS SINCERAS IMPRESIONES DE VERDAD, ES BIEN ENTRETENIDO, DEPRESIVO, OSCURO Y NOSTALGICO!!!! AH "FELIZ DÍA DEL AMIBLOG", ES BUENO ACORDARSE DE QUE SOMOS BLOGEROS!!!! GENIAL!!!!